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viernes, 19 de septiembre de 2008

Deuda

Tengo una deuda de amor contigo, una deuda de palabras que ha crecido con cada silencio. Porque no se ama sin decir (¡Qué alegría más alta:/ vivir en los pronombres!). Miente el poeta cuando se encierra en la mirada, cuando se recrea en los cuerpos enlazados en silencio.

Te debo un mundo de nombres y verbos, adverbios y pronombres, adjetivos y más pronombres. Debo a tus oídos miles de “nosotros”, tantos que no sabrías que hacer con ellos.

Vivo en la memoria de tu cuerpo y en el dolor de lo callado (Yo digo aún: ¿por qué callé aquel día?), quizá ya para siempre. Ahora lo sé: se niega todo si se esconde la palabra. Te siento bella y ofrecida cuando te digo “amor, qué hermosa eres cuando te entregas”.

Tengo una deuda de amor contigo, una deuda de vida. Tal vez el tiempo pague en mi nombre los plazos. Entretanto te entrego mi verbo sollozado.

lunes, 5 de mayo de 2008

El camino

Pidió el texto en préstamo, aquél que salió de él ya ajeno pues a ella se debía. No tuvo que buscar: allí estaba intacto el gozo original. Leyó:

Ahora alzaré la mirada y encontraré la suya. Avanzaré despacio, demorando el momento en que se anuden y su boca llame a la mía. Haré remolinos en su vientre, trenzaré y destrenzaré espirales alrededor de su ombligo cayendo mansamente y huyendo indeciso. Saldré del dulce laberinto para arrastrarme hacia sus pechos. Bajo ellos sospecharé la síncopa de nuestros corazones. Seguiré. Me detendré en su garganta para adivinar sus gemidos. Llegaré a sus ojos imperativos que convocarán a mis labios.

Entonces mi boca iniciará sumisa el camino aprendido y siempre nuevo. Mi lengua trenzará y destrenzará remolinos sobre su vientre, hará espirales y se hundirá en su ombligo. Huirá llorando humedades hasta llegar a sus pechos, bajo los que sentirá su corazón sincopado. Continuaré. Me entretendré en su garganta para sentir sus gemidos en mis labios. Llegaré a los suyos. Seremos entonces sólo uno. Una vez más temblaré como un niño amedrentado.

El tiempo corría inclemente, pero él seguía siendo un niño tembloroso.